Los astronautas que ponían satélites en órbita lanzándolos a mano

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Fyodor Yurchikhin y Sergey Ryazansky llevaron a cabo el paseo espacial número 202 desde la Estación Espacial Internacional el 17 de agosto de 2017. Durante él se dedicaron fundamentalmente a recoger muestras de experimentos, colocar otras nuevas, hacer fotos y tomar muestras del exterior de la Estación para ver cómo se conserva y qué tipo de contaminación hay, y probar una versión nueva del traje espacial Orlan.

Era Fyodor Yurchikhin quien llevaba el Orlan-MKS, que entre otras cosas incorpora un sistema automático de control de la temperatura y un nuevo ordenador de a bordo –a fin de cuentas los trajes espaciales son como pequeñas naves individuales– que ahora se encarga de funciones de las que antes se tenía que ocupar la persona que estaba en su interior; las capas externas del traje también son más resistentes. Permite permanecer en el exterior durante hasta nueve horas y está diseñado para hasta veinte usos durante una vida útil de seis o siete años.

Se trataba de la primera vez que el Orlan–MKS se utilizaba en el espacio tras años de pruebas en tierra y las primeras impresiones son excelentes.

Es la sexta variante del traje Orlan en entrar en servicio desde que el Orlan-D fuera estrenado el 20 de diciembre de 1977 por Yuri Romanenko y Georgi Grechko.

Yurchikhin y Ryazansky pudieron cumplir con todos los objetivos del paseo salvo instalar un pasamanos que no terminaba de encajar bien en su sitio. De hecho la instalación de varios puntales y pasamanos fue más problemática de lo pensado, por lo que el paseo espacial duró algo más de una hora más de lo previsto.

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Fue el noveno paseo espacial para Yurchikhin, que con algo más de 58 horas acumuladas al terminar éste e convierte en la cuarta persona con más tiempo acumulado en paseos espaciales, y el cuarto para Ryazansky, que ahora acumula algo más de 27 horas en paseos espaciales.

Pero para mí la parte más curiosa de este paseo espacial fue la segunda tarea que llevaron a cabo, que consistió en la puesta en órbita de cinco satélites artificiales. Fueron el Tomsk-TPU-120, un CubeSat de tres unidades y de cinco kilos de peso cuya estructura fue impresa en 3D diseñado por la universidad de Tomsk; el TNS 0-2, de 20×65 centímetros y 5,1 kilos, diseñado para probar sistemas de generación de energía, control de actitud y comunicaciones; los Tanyusha 1 y 2, que son CubeSat de tres unidades y 4,8 kilos diseñados para probar sistemas de comunicaciones; y el Sfera-53 2, una esfera metálica de 53 centímetros y 13 kilos de peso que se usa para calibrar equipos de seguimiento en tierra y que también sirve para medir la densidad de la atmósfera midiendo la velocidad a la que decae su órbita. Los cinco fueron llegando a la EEI a bordo de varias cápsulas de carga Progress.

Yurchikin con los Tanusha
Yurchikin con los Tanusha

Aunque a diferencia de los lanzados desde el segmento estadounidense de la Estación, que dispone de eyectores automáticos que recuerdan poderosamente al mecanismo que lanza la bola en una máquina de bolas, los lanzamientos desde el segmento ruso utilizan el más básico método de lanzarlos a mano. El truco está en lanzarlos hacia atrás y hacia abajo, de tal forma que no puedan llegar a chocar con la EEI.

Básico pero eficiente, aunque hay que tener los lanzamientos ensayados, ya que hacerlo embutido en un traje espacial no es especialmente sencillo. Ayuda, de todos modos, el hecho de que el módulo Pirs a través de la que salieron al exterior Yurchikhin y Ryazansky apunta ya hacia la Tierra en la posición habitual de la Estación y que Pirs esté acoplado a la parte inferior del módulo Zvezda, el último de la Estación.

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