El ridículo viaje de las cucharas de plástico de usar y tirar

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La verdad es que, si se piensa, la que hay que montar para poder agitar el azúcar de un café con una cuchara de plástico es toda una odisea a lo largo del tiempo y el espacio. Un viaje ridículo, como explica este vídeo de Half-Asleep Chris gráficamente y con una narración muy agradable y detallada, paso a paso. Me pareció ideal para enseñar en clase o proponer como ejercicio de concienciación a los más pequeños.

Si se mira desde fuera, el asunto comienza hace millones de años con los seres vivos de la Tierra primigenia que en forma de animales y plantas pasaron a mejor vida y cuyos restos, comprimidos por todo el planeta, se convirtieron en petróleo crudo. Desde hace siglos extraemos ese petróleo de las profundidades de la tierra y el mar para refinarlo y fabricar pequeñas bolitas de plástico (nurdles) con las que luego se fabrican a medida las cucharas y otros utensilios de usar y tirar – que para colmo suelen ir a su vez envueltos en más plástico.

Naturalmente las cucharas no se fabrican directamente en la cafetería: primero hay que enviar el plástico al país en donde están las fábricas, quizá en la remota Asia, y luego transportarlas en barco hasta su destino, donde volverán a viajar a un centro de almacenaje y de ahí a los proveedores y locales concretos en que se ofrecerán al público. ¿Imaginas la cantidad de kilómetros que recorren y lo que supone eso en gasto de combustible y emisiones contaminantes?

Y todo esto para utilizarlas una sola vez para remover un café.

Después, al contenedor, donde con suerte serán recicladas – con mala suerte o por descuido puede suceder que acaben en el mar, contaminándolo más todavía.

El mejor consejo que ofrece el vídeo es intentar utilizar lo menos posible productos plásticos de un uso tan limitado: utilizar cubiertos convencionales y luego lavarlos (incluyendo botellas de agua rellenables y duraderas), hacer otro tanto con las bolsas de la compra y si montas una fiesta y parece inevitable recurrir a ellos por practicidad, comprar al menos las versiones biodegradables, que no son tan contaminantes.

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