El cuento de la criada también asusta como serie de televisión

Por fin he podido ponerme con la adaptación a la televisión que ha hecho HBO de El cuento de la criada, la novela de Margaret Atwood de la que ya escribí en su momento.

La premisa es la misma: los Estados Unidos ya no existen porque han sido transformados en la república de Gilead después de que fuera impuesta la ley marcial tras un atentado contra el Congreso. Claro que no es un proceso repentino sino paso a paso, en el que los ciudadanos –y en especial las mujeres– van perdiendo sus derechos hasta que terminan convertidas en objetos propiedad de sus maridos, incluso las mejor situadas dentro del régimen.

E igual que la novela, está contada desde el punto de vista de Defred, una criada que no es otra cosa que un vientre para uno de los altos mandos del régimen y su mujer, un vientre que intentan fecundar mediante una violación ritual conocida como La ceremonia cada vez que alcanza el momento de máxima fertilidad de su círculo.

La ceremonia

Defred y sus compañeras viven absolutamente sometidas a las necesidades del régimen, aunque las Martas –las empleadas domésticas– tampoco lo tienen mucho mejor. Y cualquiera está expuesto en cualquier momento a que una palabra equivocada, un gesto que se sale de la norma, o la mera sospecha de alguien con autoridad suponga caer en desgracia.

Hay algunos detalles en los que la serie diverge de la novela, pero da el mismo mal rollo, porque todo lo que cuenta lo podemos ver hoy en día en las ideas de algunos partidos que no son tan minoritarios como lo eran hace unos años y como tenían que haberlo seguido siendo.

La serie, que me parece tan recomendable como la novela, tiene dos temporadas estrenadas y ya hay anunciada una tercera; sólo la primera se basa en la novela, las otras dos van por libre aunque, obviamente, siguen en la misma línea argumental.

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