Cada una de las palabras de Ted Nelson en esta entrevista es una dosis de sabiduría

Ted Nelson (1937) es el pionero de la informática que inventó el hipertexto. Con 80 años puede ver las cosas con tranquilidad y distancia, y habiendo vivido varias generaciones del mundo de la tecnología y la multimedia tiene los galones necesarios para explicar algo sobre lo que los programadores modernos pueden aprender del pasado. Lo recoge IEEE Spectrum en una minientrevista que también existe otra versión «del director» (más larga).

Sobre la época hippie:

En los años 60 y 70 un montón de jóvenes creó comunas que eran básicamente una mezcla de amor libre –término que ya no se oye, porque se da por supuesto–, marihuana, LSD e idealismo. Estaban esperanzados por una nueva economía. El espíritu de esa época se infiltró en el mundo de la informática y había esa sensación de que «esta vez puede ser diferente», porque la informática era artesanal… No imaginábamos monopolios como los que existen ahora, sino que los ciudadanos-programadores serían los líderes, con otra visión de la democratización y las expresiones artísticas; como en el caso del software, que es arte pero no suele ser reconocido como tal.

Sobre los orígenes del hipertexto:

Cuando los ordenadores comenzaron a abaratarse comencé a pensar en cómo serían los documentos del futuro. La forma abstracta de describirlo serían dos páginas con una conexión. Una que simbolizara esta frase está conectada con este otro párrafo. La otra era que haciendo clic en algo se podía saltar hasta otro lugar. A medida que el hipertexto evolucionó en los 60 y 70 sólo perduró el concepto de los enlaces.

Sobre el hipertexto en la WWW:

Tim Berners-Lee creó la World Wide Web, que era el sexto o séptimo sistema de hipertexto. La gente piensa que la idea «surgió de la nada, de la frente de Zeus», pero en realidad fue un trabajo bueno y limpio con la ventaja de contar con los medios e influencia del CERN.

Sobre su forma de trabajar y enfrentarse a los problemas:

La mayor parte de mis primeros diseños de software los hice con los ojos cerrados. Pensaba: si pulso esa tecla debería suceder esto… Y si pulso esta otra, aquello… Era capaz de imaginarlo –dicen que no es posible, pero yo lo hacía así– y mis interfaces siempre quedaban como imaginaba que deberían funcionar. Hasta la gente del PARC de Xerox decía que era imposible, pero yo lo hacía.

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